Los brotes de violencia de los pacientes y sus familiares, favorecidos por los largos tiempos de espera y las normas incomprensibles para llamar a los pacientes, forman parte de la nueva rutina diaria en las salas de urgencias de los hospitales. La cadena de radio Hessischer Rundfunk y la asociación de hospitales Hessische Krankenhausgesellschaft han realizado una encuesta en más de 20 centros. El resultado: en casi todos los hospitales, las agresiones verbales y no verbales están a la orden del día. Esta evolución conlleva un aumento del estrés psicológico del personal hospitalario y hace que cada vez más empleados quieran dejar su trabajo en urgencias.
Otras medidas para el concepto de seguridad de las urgencias Cada vez más clínicas se interesan por ampliar su concepto de seguridad con cámaras corporales. Estas cámaras, cuyo efecto desescalador está demostrado, suelen ser llevadas por servicios de seguridad y se utilizan cuando se quiere calmar una situación o grabar agresiones para su persecución penal. Sin embargo, en la mayoría de los casos ni siquiera es necesario iniciar la grabación: en muchos casos, el agresor ya se intimida al ver la simple cámara corporal o, en un segundo paso de desescalada, su propio reflejo en la pantalla de la cámara, y desiste de su acto.
La protección de los empleados ahorra costes Muchas clínicas deben correr con los gastos de seguridad. Sin embargo, la inversión en la protección de los empleados merece la pena, ya que los gastos por bajas (en su mayoría de larga duración) tras las agresiones son mucho más elevados. Por lo tanto, las cámaras corporales pueden utilizarse como medida preventiva y completan los conceptos de seguridad existentes para las salas de urgencias.